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5 señales de alerta de un posible mini derrame cerebral que nunca deberías ignorar

Algunos cambios repentinos en el cuerpo pueden parecer pasajeros, especialmente en las personas mayores. Un poco de dificultad para hablar, un brazo que se siente extraño o un problema repentino de equilibrio pueden desaparecer después de unos minutos y hacer pensar que no ocurrió nada importante.

Sin embargo, cuando estos síntomas aparecen de manera repentina, no conviene ignorarlos.

Un llamado “mini derrame cerebral” suele referirse a un accidente cerebrovascular transitorio, conocido médicamente como accidente isquémico transitorio. Ocurre cuando el flujo de sangre hacia una zona del cerebro se interrumpe durante un período breve. Los síntomas pueden desaparecer, pero eso no significa que deban considerarse inofensivos.

De hecho, un episodio de este tipo puede ser una señal de advertencia de un accidente cerebrovascular posterior.

1. Debilidad o adormecimiento repentino de un lado

Una de las señales más importantes es que de repente una persona sienta debilidad, entumecimiento o pérdida de fuerza en la cara, un brazo o una pierna.

Con frecuencia, el cambio afecta un solo lado del cuerpo.

Por ejemplo, una persona puede intentar levantar los dos brazos y descubrir que uno de ellos no responde igual o comienza a bajar.

También puede aparecer una sensación extraña en una parte de la cara, como si estuviera adormecida.

Este cambio repentino no debe atribuirse automáticamente a la edad, al cansancio o a haber dormido en una posición incómoda.

Si aparece de forma súbita, requiere atención médica inmediata.

2. Un lado de la cara puede caer

Otra señal que puede observarse rápidamente es una asimetría repentina en la cara.

Al pedirle a la persona que sonría, uno de los lados de la boca puede verse más bajo que el otro.

En algunos casos también puede existir dificultad para mover una parte de la cara o una sensación de adormecimiento.

Una manera sencilla de comprobarlo es pedirle que sonría y observar si ambos lados de la cara se mueven de forma similar.

Si existe una diferencia nueva y repentina, no hay que esperar para comprobar si desaparece por sí sola.

3. Dificultad repentina para hablar o entender

Una persona puede comenzar a hablar de manera extraña, arrastrar las palabras, utilizar palabras incorrectas o tener problemas para expresar lo que quiere decir.

También puede tener dificultades para comprender una conversación sencilla.

A veces el cambio es muy evidente. En otras ocasiones puede parecer simplemente que la persona está confundida.

Si alguien que normalmente se comunica con facilidad comienza de repente a tener problemas para hablar o entender, es importante tomarlo en serio.

No conviene esperar varios minutos para ver si recupera el habla.

4. Problemas repentinos de visión

Los cambios bruscos en la visión también pueden ser una señal de alarma.

Una persona puede experimentar visión borrosa, visión doble o pérdida repentina de visión en uno o ambos ojos.

Estos cambios pueden aparecer durante poco tiempo y desaparecer posteriormente.

Precisamente por eso algunas personas pueden restarles importancia.

Pero una alteración visual repentina, especialmente cuando aparece junto con otros síntomas neurológicos, requiere una evaluación médica urgente.

5. Pérdida repentina del equilibrio o coordinación

Otra señal que puede pasar desapercibida es la aparición repentina de mareo, dificultad para caminar, pérdida del equilibrio o problemas para coordinar los movimientos.

Una persona mayor puede pensar que simplemente se levantó demasiado rápido o que estaba cansada.

Sin embargo, si el cambio aparece de manera repentina y es diferente de lo habitual, no debe asumirse que se trata solamente de la edad.

Una persona que de repente camina de forma inestable, tropieza sin explicación o no puede mantener bien el equilibrio necesita ser evaluada.

¿Por qué un episodio que desaparece sigue siendo importante?

Este es uno de los errores más peligrosos.

Si los síntomas desaparecen después de unos minutos, algunas personas creen que el problema terminó.

Pero un accidente isquémico transitorio puede producir síntomas similares a los de un accidente cerebrovascular y desaparecer posteriormente.

Que una persona vuelva a hablar, caminar o mover el brazo normalmente no permite determinar en casa qué ocurrió.

Por eso, incluso cuando los síntomas desaparecen, es necesario buscar atención médica de inmediato.

El objetivo es descubrir qué provocó el episodio y reducir el riesgo de que ocurra un accidente cerebrovascular con consecuencias permanentes.

Una forma sencilla de recordar las señales

Cuando una persona presenta síntomas repentinos, puede ser útil recordar cuatro comprobaciones básicas:

Cara: pídele que sonría. ¿Un lado de la cara parece caído?

Brazos: pídele que levante ambos brazos. ¿Uno baja o no puede levantarlo?

Habla: pídele que repita una frase sencilla. ¿Habla de manera extraña o no puede hacerlo correctamente?

Tiempo: si aparece cualquiera de estas señales de forma repentina, hay que buscar atención médica de emergencia inmediatamente.

También hay otros síntomas importantes, como problemas repentinos de visión, pérdida del equilibrio o un dolor de cabeza muy intenso y repentino.

¿Por qué las personas mayores tienen más riesgo?

El riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular aumenta con la edad, aunque puede ocurrir en personas de diferentes edades.

Además de la edad, existen otros factores que pueden aumentar el riesgo, como la presión arterial alta, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, algunas enfermedades cardíacas y determinados problemas de los vasos sanguíneos.

Esto no significa que una persona con alguno de estos factores vaya a sufrir necesariamente un accidente cerebrovascular.

Sin embargo, controlar los factores modificables puede ayudar a reducir el riesgo.

No confundas una señal de alarma con el envejecimiento

Uno de los problemas más comunes es atribuir determinados cambios repentinos al hecho de ser mayor.

Una persona puede pensar:

“Es normal porque ya tiene cierta edad”.

Pero el envejecimiento no debería utilizarse como explicación automática para una pérdida repentina de fuerza, dificultad para hablar, alteración de la visión o pérdida brusca del equilibrio.

Los cambios repentinos merecen atención, especialmente cuando no se parecen a lo que la persona experimentaba anteriormente.

¿Qué hacer si ocurre?

Si tú o alguien cercano presenta alguno de estos síntomas de manera repentina, busca atención médica de emergencia inmediatamente.

No conduzcas a la persona por tu cuenta si existe una alternativa más segura para recibir ayuda de emergencia.

También es útil recordar aproximadamente a qué hora comenzaron los síntomas o cuándo fue la última vez que la persona estaba completamente normal. Esta información puede ser importante para los profesionales médicos.

No esperes a que el síntoma desaparezca.

No intentes tratarlo en casa.

No asumas que fue simplemente cansancio, presión baja o una mala posición al dormir.

La rapidez puede marcar una gran diferencia

Los problemas relacionados con el flujo sanguíneo del cerebro requieren rapidez.

Cuanto antes se evalúe a una persona con posibles síntomas de accidente cerebrovascular o de un episodio transitorio, antes podrán los profesionales determinar qué está ocurriendo y qué medidas pueden ser necesarias.

La idea más importante es sencilla: un síntoma neurológico que aparece de repente nunca debe ignorarse, aunque desaparezca poco después.

Reconocer una cara que se cae, un brazo débil, dificultades para hablar, cambios repentinos en la visión o pérdida del equilibrio puede ayudar a actuar a tiempo y buscar la atención necesaria.

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